Después de ver las vueltas que da la vida y cómo muchos hemos llegado a este máster con la idea de reinventarnos, me viene a la cabeza la imagen de un círculo trazado con una flecha que parte y llega al mismo punto. Desde nuestra infancia, el punto de partida para enfrentarnos a la vida adulta, tener un futuro, "ser alguien", han sido las aulas y resulta que después de tanto peregrinaje y preparación volvemos a ellas. Qué cosas...
Cuestiones sociolaborales aparte, me resulta curioso que el sitio para volver a empezar coincida con el sitio que en su momento abandonamos con el objetivo de comenzar algo nuevo. El caso es que hemos vuelto al mismo punto, algunos por inercia, otros convencidos del poder de la educación, y los hay que por una mezcla de las dos, entre los que me incluyo: porque el pupitre me es familiar, es lo que he conocido la mayor parte de mi vida, y porque cuando hay cosas que fallan ahí fuera (me refiero a fuera de las aulas), como ahora, tengo la esperanza de que esas mismas aulas sean las que puedan mejorar la situación.
Pero la diferencia respecto al punto de partida es que volvemos cambiados, las concepciones y las expectativas que ahora tenemos difieren de las que poseíamos al abandonar el ámbito educativo, así que resulta enriquecedor que todos llevemos las mochilas cargadas de experiencias que nos han hecho crecer.